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Qué privilegio desarrollar capacidades inimaginables para “luchar la yuca” o renunciar a ella, como Amaury, que da la impresión de que se alimenta de las raíces de la tierra. Hay códigos explícitos, unos muy locales, otros menos, pero si se afina el prisma, Cuba Performances habla de los problemas del individuo, de los problemas del mundo... Cuba Performances es un clamor ecléctico y sintético al mismo tiempo, genérico y espacial. Mientras avanza sigo con mis interrogantes: ¿cómo es posible habitar en este mundo sin que la realidad te aniquile?


Conscientes del precio que tiene ser diferente, estos jóvenes irrumpen en su conte
xto con un mensaje de esperanza. ¿O justamente lo contrario? Desesperanza. Amaury dice que la gente lo salva, lo acompaña, le inspira y son el objeto de una poesía que brota, que “resuelve en la calle”. Les brinda una coreografía, en un sillón donde balancea su “descarga”, su tropel, el otro yo que le acompaña en silencio. El no habita en un contexto hogareño (como otros personajes entrevistados) su hábitat es el mundo, la inmediatez, su cuerpo, su fantasía, la calle, el monte... la filosofía que ha descubierto, porque necesita asirse a una nueva creencia. Amaury confiesa: “...es extremadamente anárquico ser cuerdo"...” 
Una idea no es siempre el producto de un individuo, sino tiene raíces en la sociedad, en los movimientos históricos, en el constante desprendimiento de sucesos, reacciones, acciones y contraposiciones de la historia. Con agrado compruebo que el mundo parece estar aceptando "la parte fea" del ser humano, el rostro desagradable. Es imposible seguir preocupados por darle orden al universo. La hipercodificación en la que, con tanta comodidad, se desenvuelve el
individuo en la sociedad le lleva a desarrollar una relación adictiva. Condicionada por los miedos, el mayor de los miedos, el miedo subconsciente-consciente a la muerte. 


Hay otras figuras que sustentan la búsqueda de una alternativa para vivir en otro mundo, fuera de éste invadido por el fenómeno de las masas. De las masas que aceptan su misión, su destino, de ser o actuar por sí mismas; sin rebelarse. En este caso para contradecir el contrasentido. No pueden las masas rebelarse contra su propio destino. A la postre la única cosa que sustancialmente contiene algo de verdad, que puede llevarnos a cambiar nuestro destino es, justamente no aceptar “el destino”. Por eso los personajes de este Performance buscan nuevas formas, para rebelarse contra sí mismos. El hombre es, por naturaleza misma, un ser tendiente a buscar una instancia superior, un icono, un héroe al que seguir, un modelo que le sirva de ejemplo. Pero hay algunos hombres que logran, por sí mismos, encontrar su camino, su destino, su propia instancia, que tienen el coraje de confiar en sí mismos. Entonces son hombres excelentes. De lo contrario siguen el redil, de hombres-masa y no invertirán más energías sino en recibir aliento de aquél que dirige el redil, de la masa. 


Felo Behiquealto  está lejos de ello. Experimenta con los símbolos de su infancia, de su historia, los que le fueron inoculados, mientras admite que desde niño tuvo inclinación a comunicarse con una dimensión extraterrenal de la existencia. Revela sus condiciones de hombre pájaro, sus anhelos por alcanzar otras libertades. El puede alcanzar los espíritus. Puede dejar su cuerpo, para entrar en otro mundo, nada pragmático, algo “sobrenatural”. Lo importante es palpar las respuestas, no a nivel intelectual, en primera instancia, sino a nivel sensorial. Cuba Performances es una cinta llena de interrogantes, y cada uno de sus personajes un viajero en pos de respuestas. Si Behiquealto evoca imágenes de animales como guías de espíritus, ellos son portadores de mensajes.  Si puede atravesarse con una aguja es porque otros dolores son más fuertes. Él quiebra el silencio, la palabra mutilada; es porque este acto de comunicación hacia otro mundo le interesa más que el circundante. ¿Es su performance un acto de rebelión? Felo abandona el set, deja la cámara y me imagino que vuela, como un pájaro, hacia sus adentros, hacia el interior de otros. Economiza vocablos porque no tiene sentido prorrumpir con excesos o pérdidas de energía. Él anida dentro de sí mismo. ¿Dónde se encuentra su sitio? Está aún por descubrir... quizás porque, como el caracol o el chamán lleva su casa a cuestas.


A partir de las interrogantes que la realizadora, Elvira Rodríguez Puerto, formula con una serenidad inusitada que contrasta con el universo agreste que desfila ante la cámara, Cuba Performances toma Alamar como centro de gravedad, como escenario de la historia, este grupo de habitantes y artistas y su estrategia de sobrevivencia ante lo hirsuto, pero su visión es extensiva, porque abre una interrogante ante cosas esenciales de la existencia. Este documental nos roba la tranquilidad durante más de una hora, nos fulmina con una llamarada de códigos humanos... que creemos, sentimos, debemos descodificar... por eso subimos a ese viaje, a esa peregrinación por la realidad y por la poesía, por el sarcasmo, por la parodia, por la fusión de vida-arte, arte-vida, como si ensayáramos un nuevo modo de vivir. Así concibe Elvira su vida, desde que amanece y realiza su primer ritual: la taza de café, refrescar su aura con flores, vainillas y clavo de olor... desde acá, sin olvidar, como ella dice, la Cuba que todos nombramos.


Cuba Performances me despierta al mundo; ese es su discurso, un discurso sobre lo sencillo, la existencia, sobre lo humano. Tal vez sus propios protagonistas no lo sepan del todo. Yo lo dudo. Ellos viven alegrando su entorno, atrapados en lo inmediato... ¿Y nosotros? Anclados en el pasado. Tras evadir ese entorno sin formas, demolido, lleno de ruinas, donde la gente vive un proceso, consciente o inconsciente de metamorfosis donde el absurdo y la crudeza del paisaje hablan por sí solos. Ellos gritan en pos de AMOR, de trabajo, de posibilidad, de chance, de tener derechos ínfimos, como el de producir el PAN sin amarguras, sin destilar veneno. Nosotros gritamos para alejar nuestras soledades...
llenos de faltantes en las bodegas de nuestra alma; evocando nuestro ayer, sus historias, porque hoy somos más transparentes que entonces. En realidad lo llamo “seres invisibles”. Los desterrados invisibles. Quizás sea esa la próxima oferta de Elvira Rodríguez Puerto. Arrastramos nuestro tropel sin poder sellarlo en las gavetas del olvido... flota aparentemente relegado... nunca sabemos en qué per-forma reaparece...  La falta de sol... el gris apelmazado de ratón muerto, perenne en la bóveda celeste, las cuchillas del frío que nos despedazan la piel, las flechas que nos agreden al salir afuera, con nuestro paso distinto, nuestro ritmo diferente. Aquí también tiene su precio ser diferente. El gris parece cubrir el mundo, allá sabemos que brilla el sol... Las reacciones químicas nos regalan el milagro de vivir; de seguir viviendo. El alma se nos ha vuelto un laboratorio que nos transgrede, indescriptiblemente. Cuba Performances me recuerda al mundo y a este pedazo de historia que nos tocó vivir.






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