Hace un año vi por primera vez este Performance. Estaba, como siempre, acribillada por mis hipersensibilidades, así es que me sacó todas las emociones. Finalizado, sólo atiné a preguntar a sus realizadores si aquello era obra de la improvisación o carpintería consciente. Hoy, al verlo otra vez, se precipitan nuevas interrogantes. Cuba Performances me recuerda al mundo.
Con la simpleza de las cosas profundas, desfila un testimonio de verdades latentes en nuestra tierra ante una cámara. ¿Por qué? Pequeño escenario de Alamar, contiene toda la cosmogonía de la vida en nuestra isla, atemporal. Cuba adorada que nos habita dentro. La tesis es un acierto, la vida en Cuba es un eterno Performance, un permanente espectáculo... no importa en qué rincón de la isla. Tal vez hemos sido siempre, los cubanos, una especie de performánticos... Cuba Performances no es un simple discurso. Cuenta sobre el grupo OMNI Zona Franca y la comunidad donde ellos se han propuesto trabajar, buscar alternativas, desenterrar alegrías; o sembrarlas. Quizás por el aquello de que la única libertad que no pueden robarles es la libertad de la creación, del pensamiento que vuela. Al menos a ellos no. Cuba Performances es un grito suave, sordo, pacífico, humano. Desprovisto de discurso politiquero, empero, una bofetada, un laberinto lleno de holografías que sugiere formas, per-formas, ideas, fusiones... alternativas de cómo enfrentar un raro entorno; ambiguo, árido: vivir en Cuba. Un grupo de artistas, once millones de ciudadanos.
La película rehace rostros precisos, personajes en su modus vivendi. Cada cual una individualidad, enfrentada al peligro del tiempo. Este es el leitmotiv de OMNI Zona Franca, y la directora de esta película, Elvira Rodríguez Puerto, lo ha comprendido, quizás porque ella misma, su modus vivendi, se desprende de cualquier “filosofía de masas”; opta por su individualidad. Hasta en un collarín de flores en el cuello vendado, chamuscado por la lejanía, por la vida detrás del lente, su lente de mirar el mundo. No sólo en Cuba. Sus personajes no se pierden en el mimetismo de una existencia “igual para todos” (ni en el barrio de Alamar; ni en otros barrios) ninguno de estos personajes exige de sí mismo protegerse... si lo hacen, lo hacen a su modo, instintivo, consciente de que hay que llegar a la entraña del propio sino. No disimulan su existencia. Cuba Performances la grita. Ellos están ahí, luego existen, tienen sus exigencias, irrelevantes para quienes debieran escucharlas. Ellos intentan asumir la responsabilidad por su propia vida. Sin lamento. Fundirse con el arte.
Amaury nos conduce a través de su viaje. Nos introduce en su mundo bizarro, quijotesco, un mundo de provocaciones, lleno de interrogantes. Nos coloca frente a un espejo, y en algún momento hasta el más circunspecto querría vestir, por un instante, los zapatos desiguales, las telas que lo cubren, de distinto color, apoyarse en un bastón, en un tronco recogido, para emprender viaje, por la pasarela a su interior, un viaje a la semilla, un viaje donde, desde la pose de demente, hace una oda a la cordura inexistente. Mientras Amaury narra su viaje introspectivo, sus descubrimientos, su estrategia de supervivencia, me pregunto si es posible vivir en equilibrio en algún sitio de este mundo, hoy. Y permanecer sano. Amaury, conductor del performance, se empeña en aniquilar su ego. Es una alternativa. En cualquier parte de este mundo en crisis en que habitamos, el ser humano vive preso de su ego y de sus pretensiones. Lo que no imagina Amaury, quizás, es que, aún en las llamadas sociedades industrializadas, de derechos, hay seres tan llenos de terribles carencias. Como él, como cada una de las figuras que destaca el documental. Viven en forzoso bregar por abrirse paso en la vida, por desterrar esas carencias, por no renunciar a los deseos de conquista, viven en esfuerzo permanente por no dejar morir la alegría de vivir. Aunque estén los mercados llenos. Sumidos en la monotonía. Ahogados por expectativas ¿innecesarias? La diferencia consiste, tal vez, en que las necesidades en Cuba, son apremiantes.
La fotografía hace una elegía a lo feo, lo sombrío, a la estética de la devastación que rodea a los personajes; el entorno opaco, lóbrego, adusto. Ello irrumpe como un personaje también. Las figuras existen en una total armonía con su entorno. Amaury, el conductor, no señorea por grandes llanuras o exuberantes montañas, paisajes de Cuba, palmas, playas o puestas de sol. La geografía de estos personajes es un paisaje ralo.
Todo el tiempo se debate si Amaury es loco o cuerdo. Porque escribe, busca a una Rebeca inexistente, lee a Gandhi y le inspira la poesía que le regala la gente, con su devenir. No interesa demarcar las dimensiones angostas entre cordura, locura. Importa perseverar, y Amaury lo hace obstinadamente; le interesa alcanzar las posibilidades inmensas que ofrece una existencia desprovista de expectativas. Su única expectativa es fundir la vida con el arte, el arte con la vida... Ello lo disemina a su paso, como una encomienda, como si regalara flores, como si esa retroalimentación fuera suficiente para continuar. Los personajes que cruzan la pasarela de Cuba Performances son una especie de Apóstoles (¿es Martí su Cristo?) que no promulgan ni siguen el rumbo del Viejo ni del Nuevo Testamento, sino, por un lado la poesía, que debería, eventualmente, embellecer sus vidas, y por otro, las vidas de antihéroes inspiradores, dementes anárquicos de una Habana sumida en el estatismo, la desesperanza, en una larga espera.
Cuba Performances recorre el entorno ofreciendo un fresco amplio de lo que es la vida sui géneris de algunos integrantes de OMNI-Zona Franca; un grupo lleno de enlaces. En la escena final, donde todos se tiran al suelo, en un juego infantil, se crea una larga cadena. Así viven, en constante simbiosis, donde todo el mundo se conoce y cualquiera forma parte de tu existencia, y puede salvarte, con un buchito de ron o de café, o una cucharada de aceite o azúcar. La pobreza compartida entre todos toca a menos. Qué ironía. El invento salva, se pierden las inhibiciones (cómo tenerlas a la hora de montar en un transporte público) continúa > > > 2
página 1